Alcohólicos Anónimos y la Tercera Edad

Algunos hombres y mujeres de muy diversa procedencia han tenido experiencias igualmente diversas con el alcohol. Lo que todos tienen en común es el haberse enfrentado con su alcoholismo después de haber cumplido los 60 años.

Empezaron a beber en diferentes etapas de su vida. Un hombre no probó ni siquiera una gotita de alcohol antes de la edad de 65 años. Otro, ahora de 91 años empezó a beber en antiguas tabernas durante una guerra. Dos de las mujeres empezaron a beber al tener unos 45 años. Otra más llegó a ser doble adicta –al alcohol y las píldoras- en el curso de muchísimos años sus circunstancias eran diferentes.

Una mujer bebía para aliviar la rutina de los quehaceres domésticos en un lugar clandestino de su barrio.

Un hombre bebió hasta perder una prestigiosa carrera de agente de bolsa, otro trabajó como obrero durante toda su vida. Una mujer tenía como carrera la de madre de familia; otra trabajaba en el ambiente cultivado de una biblioteca. Un hombre bebía a escondidas durante 40 años; otro anunció su al­coholismo a todo el mundo.

El ser alcohólico o no serlo, no se puede determinar por: dónde bebe usted, cuándo empezó a beber, cuánto tiempo ha estado bebiendo, con quién bebe, qué bebe y ni siquiera por la cantidad y frecuencia que bebe. La verdadera prueba está en la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué le sucede cada vez que bebe? Si ha afectado a sus relaciones con su familia, sus amigos, sus patrones, antiguos y actuales; si ha influenciado en cómo usted programa sus días; si ha afectado su salud; si determina, o afecta su humor o su esta­do de ánimo cuando no está bebiendo; si se en­cuentra preocupado de alguna manera por el alco­hol, si trata de ocultar su manera de beber entonces, es probable que tenga un problema de alcoholismo.

El proceso de envejecer viene acompañado de muchas crisis, y casi todas acarrean alguna pérdi­da. Los hijos llegan a ser adultos y dejan el hogar. Se traslada a una casa más pequeña. Tiene cada vez menos amistades y están a distancias más largas. Se ve obligado a jubilarse del trabajo. La salud física no es tan robusta como antes y las facultades van disminuyendo. Su pareja de muchos años muere.

A veces estos cambios en las circunstancias sirven para empeorar una vieja costumbre. Puede que, en años anteriores, una copa antes de comer fuera un pasatiempo social; ahora se convierte en un alivio que se espera ansiosamente durante todo el día - y en vez de una sola copa, ahora se toma dos o tres, y luego más.

Para otra gente, puede que el alcoholismo co­mience después de una grave crisis, una pérdida de un trabajo o la muerte de un ser querido.

Otros más tienen una larga historia de alcoho­lismo apenas controlado; de alguna manera, se las arreglan para refrenarlo hasta que, después de años de abuso, el cuerpo ya no puede resistir.

El viraje decisivo para la gente cuyas historias se escuchan en los grupos de AA, ocurrió cuando ellos deci­dieron finalmente enfrentarse con su problema ­cuando lo consideraron honradamente consigo mismo y se dispu­sieron para hacer algo al respecto. La decisión de pedir ayuda fue la más importante, decisión que nadie más podría haber tomado por ellos. Una vez que fue tomada, la mano de Alcohólicos Anónimos estaba allí, lista para ayudarles.

Los hombres y las mujeres de A.A. de todas las edades, han aceptado su alcoholismo como una en­fermedad y, al hacerlo así, se pusieron al alcance de la ayuda, la recuperación y el restable­cimiento de sus vidas. Nos ayudamos los unos a los otros, compartiendo nuestra experiencia, fortaleza y esperanza y siguiendo un programa sugerido de recuperación.

Lejos de creer que sus vidas han llegado a su fin, los hombres y mujeres que han ingresado en A.A. en su tercera edad a menudo expresan el sen­timiento contrario: que es hora de empezar a vivir y ahora tienen tiempo para hacerlo.

Un hombre de 71 años describe así sus años en la Comunidad de A.A.. "Estos últimos once años han sido los mejores de mi vida., sin duda alguna, los mejores de mi vida.”



 

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